Considerada la escritora más relevante de la Lengua Española, durante todo el siglo XIX, sobresaliente en la novela, el teatro y la poesía lírica, sus invaluables aportes a la lengua materna le valieron indudablemente un puesto en la Real Academia,para el que fue propuesta y que le fue vilmente vedado por su condición femenina. Talentosa y tormentosa fue la existencia de la gran Gertrudis Gómez de Avellaneda, por la que Cuba y España pelean disputando su nacionalidad literaria, la primera su patria de cuna, la segunda su madre adoptiva, lugar de fama y donde, en febrero de 1873 encontraría su muerte.


 Nacida en  Puerto Príncipe el 23 de maro de 1814, y a los 22 años se trasladó a España, donde vivió intermitentemente hasta su muerte. Pero este hecho no impidió que en cada ocasión provista proclamara con orgullo su nacionalidad cubana y constantemente evocó a su tierra en su obra.

Con los delicados toques de su pluma se descubre un los dotes majestuosos de una gran narradora, que dominaba a su antojo las caprichosas letras, tejiendo a su paso páginas magistrales de la historia literaria. No existe en el teatro español de su época obra que tenga comparación con su Baltasar, así mismo de gran valor literario son las cartas que escribió a sus amantes, mostrando su interior turbulento y afectado por las pasiones y las desdichas. 

 Es que la gran escritora parecía condenada a compartir su fama literaria con la desgracias personal, maldecida con la incapacidad de ser feliz. Conoció la tristeza y el amargo desengaño desde su primer amor adolescente, años más tarde conoce a Ignacio Cepeda, quien se dibuja ante su mirada como un príncipe de armadura brillante, hastiado del camino recorrido, ansioso de brazos amorosos que le acojan y guarden. La avellaneda cae rendida a sus pies y comienza una relación tormentosa que le hará conocer la personalidad fría y calculadora de Cepeda, que dista mucho del carácter pasional de la escritora y la ruptura inminente llega en 1840, sin embargo Cepeda fue el único gran amor de la talentosa Gertudris. La amistad queda entre ellos y las cartas siguen relacionándolos durante años. 

 En 1844 conoce al poeta sevillano Gabriel García Tassara, y una ardiente pasión se desboca entre

ambos, y de ella nace una niña a la que la poetisa nombra Bruhhilde, una de las cartas dirigidas a Tassara gira en torno  a la niña, que el amante elusivo rehúsa a conocer, la pequeña, enferma,solo vive siete meses, la madre desesperada ruega una vez más a Tassara que vaya a verla, lo amenaza diciéndole que arrojará el cuerpo sin vida de la niña en medio de sus queridas. La niña muere y no consta que el poeta la visitara sin embargo en el acta de defunción figura como su padre, lo que debe haber sido hecho con su conocimiento y aprobación.

 Luego de esta tragedia la Avellaneda encuentra refugio en el amor verdadero e incondicional de Pedro Sabater, quien la adora y alaba el suelo por donde pisa con ferviente amor y devoción, pero Pedro está enfermo y muere 80 días después de que contraigan nupcias.

 En 1847 resurge una febril secuela del romance con Cepeda, que dura poco pero reanuda la correspondencia entre ellos, hasta que en 1854 este se casa con María Córdova, quien años más tarde, luego de la muerte de su esposo, hallara las cartas de Gertrudis cuidadosamente conservadas.

  A sus 40 años , celebra un matrimonio lleno de lujo, con el coronel Domingo Verdugo, las nupcias toman lugar en el Palacio Real y los propios reyes son los padrinos de la boda. Transcurre un matrimonio aparentemente feliz y tranquilo, hasta que en 1858 se estrena su gran drama Baltasar y durante la puesta en escena ocurre un determinante incidente. En la escena final uno de los personajes proclama : " que hay gato encerrado, señores...."  y es cuando alguien lanza al escenario un gato vivo, causando una carcajada general, a la que no se pudo sobreponer el público y , a pesar de la presencia real se tuvo que dar por terminada la obra.

 Verdugo enervado por la broma de mal gusto, enfrentó violentamente al ocurrente Antonio Ribera por sus actos y debido a este acalorado altercado, al mes siguiente Ribera agredió a Verdugo, propinándole severas puñaladas, que lo llevaron al filo de la muerte y de las que nunca se restableció del todo y con su salud permanentemente afectada muere de fiebre amarilla, en un viaje posterior que realizó el matrimonio a Cuba como parte del séquito del Capitán General Francisco Serrano.

 Regresa entonces Gertrudis a España, haciendo escala en Nueva York, París y Londres, antes de instalarse en Sevilla, en busca de un clima más benigno, y allí vivió el ocaso de su vida, dedicada a las obras de caridad y la revisión de sus obras. Falleciendo triste y sola, quien  fue aclamada por su poesía y obra teatral. Solo seis escritores la acompañaron a su ultima morada a quien fue bendecida con el don de la escritura y se alzó como una de las grandes mujeres de su época, considerada hasta por los reyes y a quien algún comentario machista calificó como "un gran hombre".