En el 1914,  era completamente normal que las mujeres de Hungría fueran sentenciadas, en plena adolescencia, a matrimonios con hombres mucho mayores. Tampoco era de extrañar que sufrieran golpizas y abusos de todo tipo a manos de sus maridos. 

Claro está, en aquel entonces el divorcio no era una opción y la afición de los hombres a descargar la furia de sus puños en contra de sus mujeres era visto como algo cotidiano. 

Fue en Nagyrévun pequeño pueblo de esta nación que surgió, entre un grupo de mujeres, una macabra solución para frenar los abusos. 

" Las creadoras de ángeles" 


Sussanna Fazekas era la matrona del pueblo, varias veces encarcelada por practicar abortos ilegales; pero en su posición de matrona y residente del pequeño lugar, conocía de primera mano las desdichas de las mujeres. 

Fue ella quien ofreció por primera vez a una de sus vecinas, un frasco de arsénico como solución para los golpes de su marido alcohólico. La mujer, aplicó el consejo, convencida por la matrona de que: 

" El veneno no dejaba rastro alguno en el cuerpo de la víctima". 

No tardaron en aparecer otras esposas desesperadas tras la misma solución y cuando el remedio "santo" se hizo popular las muertes, muchas veces dictaminadas como " ataques al corazón " se volvieron frecuentes. 

Llegó el año 1914 y con él la Primera Guerra Mundial  los hombres de Nagyrév fueron convocados al campo de batalla y las mujeres quedaron en una posición que, aunque desconocida para ellas, pronto se volvió en extremo liberadora. 

Estaban a cargo de las granjas y negocios, manejaban el dinero de su hogares y como si fuera poco conseguían expresar su libertad sexual con los prisioneros de guerra que fueron alojados en las cercanías. La vida cambió con la ausencia de sus maridos y  ahora estaban completamente en control y tenían uno o varios amantes; pero la guerra terminó. 

Las mujeres no estaban contentas con tener a sus hombres de vuelta en casa, y sobre todo no estaban dispuestas a volver al anterior modo de vida. No se sabe con certeza quien tuvo la idea original, pero la solución se esparció como pólvora por todo el pueblo.

Ninguna mujer se atrevía a matar por sí sola. El crimen era analizado por el nefasto club primero, la aconsejaban y la animaban infundiéndola con el coraje necesario para hacerlo. 

El veneno, modo de asesinato por excelencia conferido a las mujeres desde los albores del tiempo; se convirtió en el secreto que las vinculaba a todas. 

Los maridos comenzaron a caer como moscas, uno tras otro los cortejos fúnebres llevaban difuntos al cementerio, todos dictaminados como " ataques al corazón" por un doctor del pueblo, que en complicidad con las asesinas ( por dinero, claro está) archivó todos los certificados de defunción. 

Pero la historia no termina aquí. Las creadoras de ángeles no se detuvieron con sus esposos, el arsénico pronto se convirtió en su manera de lidiar con todo aquel que consideraran una molestia. Así murieron hijos, familiares y todo tipo de parientes en una matanza desenfrenada en la que se estiman de cuarenta cinco a cincuenta asesinatos en los dieciocho años que la matrona vivió en el pueblo. 

" No hay mal que dure cien años" 

Se citan tres causas para el inicio de la investigación en el pequeño pueblo. En primer lugar una de las


mujeres fue atrapada en el acto intentado envenenar a dos personas diferentes. Al ser llevada a prisión nombró a la señora Fazekas y algunas de las mujeres implicadas en el club. 

En adición, un estudiante de medicina se percató de los altos niveles de arsénico en el cuerpo de un recién fallecido. Sin embargo la investigación no se inició oficialmente hasta 1929 cuando una contundente carta anónima acusando a las mujeres de la región de asesinato llegó al editor de un diario local, clamando justicia para un crimen que llevaba décadas de impunidad. 

Las mujeres estaban asustadas, descubrieron que el arsénico era detectable incluso mucho tiempo después de la muerte y que Fazekas estaba equivocada, entonces surgió un nuevo plan.

 Se dieron cita en el cementerio local, con palas y carretillas. Creían que si cambiaban de lugar las lápidas, cuando la policía desenterrara los cuerpos encontraría fallecidos sin rastros de arsénico y todas las acusaciones se desvanecerían. 

En medio del infame intento fueron detenidas por la policía. Veintiséis de las creadoras de ángeles fueron  juzgadas. Ocho recibieron pena de muerte, otras doce fueron sentenciadas a prisión; pero la señora Fazekas quedó impune. 

Cuando la policía llamó a su puerta la encontró muerta, con un frasco de arsénico dentro de su puño.