El Día Internacional de la mujer, hace referencia obligada a las mujeres corrientes como artífices indispensables de la historia. En una época en que la lucha feminista fácilmente se lleva a límites a veces ridículos y las exageraciones son comunes, es válido celebrar este día desde el acercamiento para el que fue concebido. La lucha por la igualdad, el reconocimiento y el respeto hacia las figuras femeninas y sus labores, ya sea como profesionales en cualquier sector o como amas de casa y pilares de su familia.   La fecha se celebra desde 1975 y guarda un estrecho vínculo con los movimientos feministas de la Revolución Rusa de 1917. Pero la lucha de las féminas proviene de tiempos mucho más lejanos. 

Lisítrata y la cuna de la democracia:

 Pese a que Grecia exportó, orgullosamente, la democracia al mundo entero; en su propia tierra era aún muy imperfecta: la esclavitud era el día a día al Sur de los Balcanes y las mujeres eran marginadas de casi todas las actividades de la sociedad. Hasta tal punto que surgió entre los hombres la idea de que no era necesaria la presencia del género femenino en el interior del anfiteatro griego. 🙄

 En este contexto, claramente agresivo contra la figura femenina, Aristófanes, un comediante de la época, tuvo el valor de ilustrar la palpable desigualdad en una de sus obras, que devino en uno de los primeros actos de protesta feminista de la historia. 
 
 La obra se presentó por primera vez en el año 411 a.C y escenificaba claramente el hastío de las mujeres griegas, que veían con cansancio y dolor a sus maridos partir a la batalla, ya sus hijos morir en el eterno conflicto griego. Las mujeres griegas tomaron entonces la decisión de cambiar el curso de la guerra y para ello idearon una atípica huelga: una huelga sexual.
 

 La huelga:

En la obra las mujeres de Atenas y Esparta se unieron bajo el liderazgo de Lisístrata ( la que disuelve ejércitos), ella fue quien instigó a la primera huelga feminista desde su rol de protagonista, para acabar con el conflicto interminable entre las dos ciudades más poderosas de la Grecia clásica. 

 Decididas en su ayuno sexual, las mujeres tomaron la acrópolis, símbolo de poder y lugar sagrado, donde además se almacenaba el oro necesario para impulsar las guerras de los hombres. Junto a sus compañeras Lisístrata desafió el poder masculino y defendió soluciones pacíficas frente a los demagogos de la ciudad que llevaban a su pueblo a la guerra sin fin. 
 
 La ira del consejo de sabios masculinos no se hizo esperar, rodearon las acrópolis en un intento por
recuperar su poder, alegando que aquellas mujeres profanaban el lugar sagrado con su insolencia. Las mujeres se mantuvieron firmes en su propósito en un alarde de férrea determinación.
 
 Al final, un personaje mudo, nombrado Conciliación escenifica la firma de una paz, lograda por la prolongada abstinencia a la que fueron sometidos los hombres. Razón más que suficiente para que los varones depusieran sus armas y se dedicasen a hacer el amor y no la guerra. 

 La antigua comedia griega representa el triunfo de la razón y el diálogo femenino y nos lleva a una reflexión, aún vigente casi 2500 años más tarde. Aristófanes en su época remota desarrolló a través de las artes escénicas los primeros conceptos del movimiento feminista que fue creciendo y modificándose ( lentamente) hasta llegar a nuestros días.