Corría el año 1956, en Battersea, un vecindario al sur de Londres, un día normal en la residencia número 63 de Wycliffe Road apareció una llave de plata encima de una cama.  Poco sabían los residentes que aquel era el comienzo de una de las historias de fantasmas más extrañas e inquietantes de las que se tenga conocimiento. 

Historia que se extendió por un largo período de 12 años y en su momento cumbre se convirtió en una importante noticia nacional, que llenó los periódicos de titulares paranormales e incluso  llegó a ser discutida por el Ministro del Interior en la Cámara de los Comunes, la cámara baja del Parlamento británico. 


 La llave: 


En 1956 aquel vecindario, ahora aburguesado, era una zona de clase trabajadora. La residencia era el hogar de la familia Hitchings. Dos adultos, padres de una niña de 15 años llamada Shirley, sobre la que se concentró el fenómeno.

La llave apareció sobre la almohada de Shirley, el 27 de enero de aquel año, nunca antes la habían visto, era plateada, antigua, elegante. Shirley se la llevó a su padre, pero éste estaba ocupado ayudando a su madre a bañarse, pues la artritis crónica la había dejado incapacitada. Le pidió que la pusiese sobre la chimenea, argumentando que más tarde le echaría un vistazo, pero cuando fue a buscarla, no estaba. Shirley juró que la había puesto allí, sin embargo la volvieron a a encontrar sobre su almohada.

El padre intentó en cada cerradura, pero la llave no abría nada en toda la casa. El incidente fue olvidado y el día transcurrió como de costumbre, al caer la noche se fueron todos a la cama, sin sospechar lo que les deparaba el destino. 

 A altas horas de la noche un estruendo infernal sacudió toda la casa, despertándolos de repente. El ruido era tan fuerte que se escuchaba en la calle, tanto así que los vecinos se acercaron a quejarse, pensando que había alguien martillando. A la noche siguiente sucedió lo mismo y así sucesivamente, hasta convertirse en algo cotidiano, no solo de noche, sino también a plena luz del día. La familia, privada del sueño y aterrorizada llamó varias veces a la policía, pero nadie encontraba explicación para los ruidos que iban desde sonidos fuertes hasta golpes y rasguños que parecían provenir del interior de los muebles. 

"Poltergeist", fue la palabra empleada para explicar los sucesos. El término de origen alemán significa  " fantasma ruidoso" y es que según los parapsicólogos son como niños pequeños sobrenaturales, que destrozan todo a su paso en ataques de rabia, y que van escalando de hacer ruidos a mover objetos para mostrar lo que son capaces de hacer. 

 La presencia llegó a a hacerse tan fuerte, que Shirley, declaró que sentía como si la estuviesen observando todo el tiempo y la familia optó por darle un nombre a la entidad que los atormentaba. Lo
llamaron "Donald" e incluso desarrollaron una forma de comunicarse con él, le hacían preguntas y él contestaba, un golpe para no y dos para sí. 

 Como ocurre siempre en estas situaciones, luego de unas semanas de golpes y arañazos, los objetos comenzaron a moverse. Las ollas salían volando de la estufa, atravesando habitaciones y arremetiendo contra la familia, a veces flotaban en el aire, y luego se desplomaban, otras se estampaban contra las paredes. Shirley recuerda con especial terror como caminaban solas las zapatillas de su padre y cómo una noche quedó sus pendida a 15 cm del suelo. 

 La prensa no tardó en instalarse cerca de la residencia familiar, y un médium se ofreció voluntario para realizar un exorcismo que eliminase a Donald por completo.  La familia aceptó, desesperados por escapar del infierno que estaban viviendo. La sesión fue interrumpida por la policía, que respondía a una denuncia de que en aquel lugar se estaba "practicando magia negra".

 Fuegos y cartas: 

 

 La situación continuó agravándose, se empezaron a prender fuegos por toda la casa, uno de ellos grave, como si Donald se hubiese cansado  e intentara asustarlos con "juegos nuevos".  Una noche de octubre los llamó y cuando toda la familia estuvo reunida comenzaron a escuchar murmullos de personas invisibles, entre ellos se alzó la voz que decía llamarse Sara, que luego resultó ser la madre de la abuela de Shirley, que se encontraba también con ellos y pocos meses más tarde falleció incapaz de recuperarse de la fuerte impresión. 

Eventualmente la prensa perdió el interés en la historia, pero la familia siguió viviendo con Donald, quien encontró otras formas de comunicarse. Ahora dejaba garabatos en las paredes, y letras en algunos trozos de papel, a forma de cartas. El 27 de marzo de 1956, Shirley en compañía de un investigador paranormal, logró comunicarse con Donald, este les dio un año "1720", una dirección y varios nombres, que de acuerdo al espiritista sirvieron de indicio para afirmar que Donald era Luis XVII, el príncipe perdido heredero del trono de Francia e hijo menor de los reyes guillotinados. 

Entre tanto los Hitchings convivían con Donald, cediendo a cada uno de sus antojos, así la sala de la casa se convirtió en su habitación. Allí encontraban las muñecas de Shirley sentadas en círculo y en la noche lo escuchaban hacer toda clases de sonidos bizarros. También allí dejaba su cartas, que se volvieron más exigentes, indicando incluso la forma en que debería vestirse Shirley. En 12 años aparecieron 3000 notas, hasta 60 en un mismo día. 

 Finalmente en 1964, la familia se mudó a otra casa, allá los sucesos paranormales se volvieron esporádicos y acabaron por desaparecer, al parecer dejaron a Donald en el antiguo hogar. 

Lo que pudo ser: 

  Son muchas la teorías alrededor de esta historia, algunos opinan que todo fue obra de Shirley, que ella

producía los sonidos raros y dejaba las cartas, otros piensan que hay algo de cierto en las historias, pero que el miedo dominó a los Hitchings y que junto a la falta de sueño los hizo ver objetos que se movían y escuchar murmullos incomprensibles. 

 Años más tarde las notas del fantasma y una carta escrita por Shirley fueron enviadas a una grafóloga, que concluyó que ambas caligrafías pertenecían a la misma persona, y aunque reconoce que hay evidencias de los contrario Shirley  declaró 65 años después del suceso: 

" Todos decían que era yo la que lo estaba haciendo, que era la "niña poltergeist", así que pensé que tenía que ser mi culpa, que había algo malo en mí".

"Yo sé que no lo estaba haciendo, al menos no de forma consciente".

Puede que Shirley no haya estado del todo involucrada en los raros acontecimientos que acompañaron a su familia por años, puede que solo al final, presa del miedo y la sugestión, le diera voz al fantasma mediante aquellas cartas. 

Hay quienes apoyan la veracidad de los hechos. Una de ellas es Pam Asthon, quien vivía en la casa de al lado del los Hitchings y declaró que aunque en aquel entonces era un niña pequeña, recordaba cosas moviéndose, incendios y a su madre contando aterrada como una caja que levitaba sola tuvo que ser bajada por cuatro hombres.

Aún no se sabe, y posiblemente nunca se sepa, que pasó ciertamente en el #63 de Wycliffe Road. Tanto los creyentes como los escépticos, cargan numerosas teorías, pero este es uno más de esos misterios que permanecerán intrigándonos hasta el final del tiempo.