Reinas de la voz melodiosa y la seducción tan profunda como los océanos de los que emergían, para
envolver a los marineros en su canción fatal. El mito de las sirenas como lo conocemos nació hace mucho tiempo atrás  y originalmente no era los híbridos de mujer y pez que estamos acostumbrados a ver. 

En la mitología griega las sirenas era criaturas con cuerpo de ave y rostro de mujer, que con sus cantos hipnóticos conducían a los hombres a un destino letal. Fueron mencionadas por primera vez en la Odisea de Homero, y desde entonces abrieron el paso a disimiles historias y leyendas sobre su figura.



 La travesía de Odiseo:


 La primera aparición de las sirenas se da en el canto XII, del poema épico de Homero, donde se muestra a Odiseo, enfrentándose a las pérfidas criaturas durante su turbulento regreso a casa. Odiseo había sido advertido por Circe, sobre el poder del canto de las sirenas, por lo que, precavido, moldeo un pedazo de cera y con él tapó los oídos de sus compañeros para que no pudiesen escucharlas. Él, en cabio, fue atado fuertemente al mástil del navío, bajo órdenes estrictas de no ser liberado. Las hermosas sirenas llegaron, batiendo sus alas y entonando su canto enloquecedor, prometiéndole a Odiseo fama y conocimiento. Bajo el hechizo de la canción el héroe griego rogó ser liberado para ir con ellas, pero sus marineros le ignoraron.  De acuerdo a la leyenda si un hombre es capaz de resistir la voz de una sirena, entonces esta debe morir, por lo que aquellas que intentaron hechizar a Odiseo, derrotadas, se lanzaron al mar.

Argonaúticas Órficas:

 En el famoso poema anónimo, que narra las aventuras de Orfeo y los argonautas en su expedición en busca del vellocino de oro, aparecen nuevamente las sirenas, en su forma alada, deseosas de atapar algún humano entre las redes de su voz. Sin embargo, Orfeo, quien poseía el don de acallar a las fieras con su lira, superó con su música el canto de las austeras sirenas, quienes, sometidas a la derrota, se convirtieron en piedra. 


 El rapto de Perséfone: 

 Perséfone, hija de Zeus y Deméter, estaba recogiendo flores apaciblemente, con algunas ninfas, cuando fue raptada por Hades y arrastrada a su inframundo oscuro. Encolerizada Deméter castigó a las hermosas ninfas convirtiéndolas en monstruos híbridos. Otras versiones del mito narran, que las propias ninfas, pidieron a Zeus ser dotadas de alas para viajar al inframundo y salvar a Perséfone.

 

La isla de las sirenas:

 De acuerdo al poeta Hesíodo, las sirenas vivían en una isla rocosa llamada Antemoesa y allí guardaban los cuerpos de sus víctimas. La isla según la describen los estudiosos estaba rodeada de los cadáveres de los navegantes muertos y se cree que los mitológicos seres se limitaban a atraer a los viajeros sin ánimo de asesinarlos, pero que eventualmente, sumidos en extásis y entre dulces cantos éstos morían de inanición.

 La cola de pez:

 Se desconoce la razón de la trasformación de la figura alada, que originalmente concibieron los griegos, en
el híbrido entre humano y pez que conocemos hoy. Se piensa que fue debido a su asociación con el mar. El primer testimonio de las sirenas con cola de pez aparece en el Liber Monstrorum, un manuscrito latino de finales del siglo VII, donde se describe: " Desde la cabeza hasta el ombligo, las tenebrosas figuras tenían cuerpo femenino, dando paso a una larga cola escamosa".
 Recopilando las leyendas de la antigüedad, los cristianos del medioevo asociaron a las sirenas con la tentación carnal, haciendo al propio Odiseo, sinónimo de la moral y la virtud, al evitar el pecado femenino. Lo cierto es que lejos de esta visión lujuriosa de las sirenas, en la Antigua Grecia estaban más bien relacionadas con el mundo de los muertos e iconográficamente eran vistas como mensajeras aladas de la muerte, transportando las almas de aquellos que perecían en el mar hacia las profundidades oscuras y gélidas del reino de Hades.